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Calculando los horizontes

Cambiemos, dentro de su perfil genérico de “centroderecha”, es un enigma. Sólo desde la mirada polarizante de la campaña electoral pudo surgir cómo posible y verosímil la idea de un gabinete con Melconian como ministro de economía. Y si no hubiera sido así es obvio que desde hace semanas Cambiemos considera todo a la luz del Teorema de Baglini (cuanto más cerca estás del poder, menos pelotudeces se dicen).

En la realidad la situación estara definida por una serie de rasgos que comienzan a emerger. El nuevo gobierno se encontrará ante un peronismo fragmentado y en derrota que habiendo perdido bastiones electorales clave vivirá un proceso dolorosísimo de transformación de su fisiología. Y además enfrentará el cansancio de la sociedad respecto del gobierno saliente, una falta de expectativas que le da algún margen para ensayar el rumbo. El rumbo del nuevo gobierno será un punto entre dos extremos posibles. De un lado se puede pensar que este contexto le dará, tal vez, y muy ajustadamente, viendo los resultados finales, la oportunidad  de construir un partido prevalente que, ejecutando un plan más parecido al de Bein que al de Espert, redefina un patrón de representación (no son inocentes las referencias de Pinedo a la necesidad de ser económicamente “Nestorista”). Pero no será fácil hacerlo pues las contraposiciones entre los factores más poderosos de la economía no son pocas, y cerrar un proyecto hegemónico en ese ámbito es más difícil que ganar los votos para constituir una mayoría electoral. Tampoco, viendo la exigua diferencia electoral, este gobierno contará con la anuencia fácil para un shock. El otro extremo es traumático: si cede a la compulsión de relevar una estudiantina por otra, estaremos más cerca que nunca de una catástrofe humanitaria. Entre esos dos extremos se encontrará la realidad: una amplia gama de puntos intermedios, todos ellos posibles en el marco de un costoso arreglo macroeconómico cuyas consecuencias se pagarían a futuro. En el cabrán reordenamientos parciales, resultados de múltiples batallas sectoriales, legislativas y calllejeras. En ellas se discutirá cuanto de mercado, cuanto de estado y como se orientan inversiones de un estado cuyo volumen y agilidad han aumentado respecto de otras décadas tanto como lo han hecho conglomerados de actividad económica privada. Para enfrentar esas batallas a favor de lo publico y la inclusión será mas que necesario que elaborar críticamente el pasado inmediato. En todos estos años, y en el proceso electoral mismo se ha forjado otro país y el resultado de la elección es, en parte, el resultado de no haberlo percibido y haber confundido la distancia de los electores con incapacidad de entender. Para salir a representar no bastarán los “ideales”: la reelaboración de percepciones y categorías de acción política vaciadas de productividad es un imperativo para todos aquellos que no creen en el caracter natural de las desigualdades y si creen en la vitalidad del espacio de la democracia para cuestionarlas y revertirlas. Los otros no interesan.

Elecciones 22/11/2015. Apuntes provisorios.

Dos viñetas. Una: converso con analistas sociales consumados inteligentes y sensibles que votan a Scioli y me dicen:“la oposición no tiene argumentos: ¿ o acaso lo son la inflación, el INDEC o la cadena y 678”?. Dos: observo que mucha gente vota contra el oficialismo con el placer de ejercer un acto de libertad y transgresión. Las dos imágenes están conectadas.

Allí donde los oficialistas creen que no hay argumentos hay una secuencia sistemática y erosiva de su base electoral: hay inflación y cuando el INDEC la niega o la minimiza el votante siente lo mismo que un paciente frente a un médico que no solo no lo remedia sino que le niega su dolor. En esa misma secuencia la palabra oficial viene cumplir el papel de la sal en la herida: no son explicaciones sino ordenes de aceptar una interpretación.

Conclusión: sino pierde Scioli será casi inexplicable(o explicable por la imposibilidad del PRO de asumirse como un partido de gobierno y haber postado, aunque sea por un momento, a una estudiantina liberal). El FPV pierde con los votos que no podía sino perder que son los votos que, hasta cierto punto, decidió perder en ese encierro que resulta de atarse ferréamente las formas (algo que en su discurso explícito es objeto de sanciones). Pierde con votos que se le dieron vuelta en contra en el ejercicio ritual de esas formas. Mientras sus bases se desagregaban desde 2011 insistió con una interpretación de su triunfo de ese año que acentuaba su aislamiento y relanzaba vengativamente el circuito de acciones políticas que llevaban a más aislamiento. Hasta terminar ahora con una parte de sus militantes ensayando las mas delirantes explicaciones ad-hoc. Y, peor aún, denigrando al votante con caracterizaciones que abundan en las notas de la ingratitud, la incomprensión y el lavado de cerebro. Todo eso le endilgan a un votante que no acepta ordenes de aceptar explicaciones que no comparte y tampoco acepta ofertas de identificación atrasadas, sectarias y excluyentes.

Negando el hecho de que había sido derrotado en 2009 y en 2013, se dedicó a reproducir la que creyó, erróneamente que era la escena originante de sus victorias y es en realidad su perdición: la confrontación mortal en torno de opciones que  plantean un clivaje nítido pero también una partición perdedora de la disputa que lanzan. Dividieron el campo en mitades, pero siempre se plantearon desde la mitad más chica. Cuanto más se insistió en ese mecanismo más se insistió en una representación de la realidad que sólo podía contener a una parte muy estrecha de su electorado: el populismo con cada vez menos pueblo exigía que este se incluyese en una versión de la historia y la sociedad exigente y artificiosa. El kirchnerismo que en sus inicios le había dado lugar a muy diversas formas de imaginación social y política termino refugiándose en el papismo y en un nacionalismo popular revolucionario de historieta que una parte de sus votantes, cada vez peor humorados, no podía aceptar. Contrasta con eso el esfuerzo enorme de incorporación cultural que hizo Cambiemos en una metamorfosis que le dio matices y atractivos a un rostro monocorde y muchas veces capaz de infundir un temor que logró desactivar (esto más allá de cual sea la evaluación acerca de la consecuencia que podrá guardar con esta imagen la política que siga un eventual gobierno de Macri). Continuará…

Córdoba y los abismos de la desigualdad.

Desde hace seis años viajo a córdoba varias veces por año y recorro algunos barrios, especialmente el barrio en que vivi cuando tenía entre 6 y 12 años. La ciudad no deja de asombrarme por  las transformaciones que, me llama la atención, no estén más en primer plano en la crónica de los hechos de hoy. Seguramente el cuadro es incompleto y superficial, pero en algún grado todo lo que decimos de aquí en más, es parte de la ecuación del estallido.

 Una de las grandes transformaciones de Córdoba capital son las ciudades dormitorios, satélites o como quiera llamárselas. Son el resultado de la erradicación de villas que ocupaban terrenos caros a la especulación inmobiliaria y al boom inmobiliario que trajo la recuperación económica de la provincia de la mano de la soja y la consolidación de la industria automotriz. Pero también son una herida en la sociedad (y de esta herida difícilmente alguien se hace cargo). Las ciudades dormitorio eran la promesa de relocalización “justa” y con servicios suficientes para las nuevas unidades habitacionales. Resulto en unidades inmobiliariamente miserables y segregadas por un celoso cerco policial que retiene en esas ciudades a miles de ciudadanos que, por portación de edad, cara, zapatillas inconsistentes con el prejuicio del observador, etc son objeto de retenes policiales sistemáticos. Los retenes demoran, aíslan y ofenden. Este orden que se aceitaba con los recursos que el narcotráfico le derivaba a la policía ha perdido transitoriamente su lubricante. Las denuncias sobre el narcoescandalo traen penuria a los guardianes del orden, mientras la inflación atiza el ánimo humillado de los excluidos de siempre en un contexto en que cierto estancamiento da lugar a más motivos de queja.

Me asombra, cada vez que voy, la ausencia, la debilidad relativa de la presencia numérica de aquellos sujetos que el racismo impiadoso de Córdoba podía llamar “negrazones”. Viví en Córdoba y la convivencia de descendientes de europeos, de sujetos que se reconocen como “blancos” y población hija del crisol de conquistadores, pueblos originarios, era una realidad problemática. El grado en que lo era esta grabado en la piedra aparentemente leve, pero ominosa, de un humor que por muy gracioso que sea “pone las cosas y los hombres en su lugar”. El famoso humor cordobés ordena y ordenaba las diferencias de clase y expresaba, muchas veces, no siempre, en la perspectiva blanca, el ridículo del “negro” en el salón. Las ciudades dormitorio segregaron geográficamente una población marcada por su pobreza y por su “biotipo”. Justamente: su circulación en la ciudad, en horarios y lugares rigurosamente vigilados, es la función de una policía que desde su sola presencia física es también temible. En tiempos normales en Córdoba hay mucha policía en la calle, en todos lados, especialmente en el centro y en donde “los negros no deben estar”. Mucha en serio. Policías que ademas de ostentar uniformes llamativos, armas, y patrulleros que van y vienen, son curiosamente grandotes. La policía en Córdoba me daba la impresión de ser una gendarmería permanente, beligerante y numerosa. Son un factor vital del orden social imperante. Ese orden social que aisló a “los negros” en las ciudades dormitorio. Y es de esperar que si se ausenta ese orden no funcione en automático.

Y no hay que dejar de observar la contraparte. Nueva Córdoba, barrio emblemático de los beneficios del boom de la soja, tiene verdulerías decoradas al modo de New York, vinerias finas, panaderías francesas, fotocopiadoras de lujo. Tiene de ese tipo de negocios en cantidades increíbles: uno de cada uno en cada cuadra en la que ademas siempre hay una casa de ropas de marcas personalizadas y locales nocturnos para la diversión de miles de estudiantes que vienen a estudiar desde las prósperas localidades vinculadas a la expansión del agronegocio. Todo para una población de estudiantes que no gasta menos de 20000 pesos mensuales y viaja habitualmente a EEUU, Europa y el caribe. No todos los habitantes de Nueva Córdoba viven así, pero hay mucha gente que en nueva Córdoba vive así. En la Nueva Córdoba los “negros” casi no tienen lugar: ni como dependientes de almacén, ni repositores o asistentes de limpieza. Hasta para esos “puestos viles” se ve la presencia dominante de hijos de colonos gringos más pobres, pero “blancos”. La de los “negros” es una presencia rara, que no amenaza por que, se sabe, está la policía que mira, para, expulsa al “invasor”. La policía garantizaba ese orden y en gran medida  parasitaba de otro prospero negocio: el del tráfico de drogas.

Amigos míos, progres, mentan los peligros de la bajada de San Vicente, un barrio pobre, como si se tratase de Harlem retratado por los progres blancos de NY. Es obvio que con ese progresismo combatiente y colonial que habilitó la vulgata sociológica no se evita, en las expresiones cotidianas, la posibilidad de redoblar algo que no es más racista porque, además de todo, es muy clasista. Viajé a la bajada San Vicente y comprobé que la distancia entre el relato y la realidad que intuía iba a comprobar:  era exactamente la misma que pude palpar cuarenta años antes cuando, violando la prohibición familiar, fuimos en bicicleta con los chicos del barrio a la “temible” bajada de San Vicente. Y descubrimos nada: sí, un barrio pobre más, unos peligros más, nada del otro mundo. Hasta los críticos han caido en las trampas del orden. Se lo entiende, entonces, a Andrés Rivera viviendo, obrando en Córdoba según la máxima “no ser un burgués es una teoría y una práctica” .

Volvamos al lenguaje “antiguo” que tal vez tenga algo para decirnos: es preciso trascender la posición de “fracción subordinada de la burguesía” y de “minoría blanca” para ver Córdoba con los ojos bien abiertos. Córdoba es entre otras cosas un cruce explosivo de lógicas de exclusión que dejaron en la desigualdad abisal, “gritante” y congelada, un “pueblo” entero. No reivindico el saqueo, no lo miro románticamente. Tampoco creo que sea sólo espontáneo, pero entiendo el carácter masivo del horror que emerge para todos lados cuando uno de los principales reaseguros de ese orden era la presencia constante, masiva, pedagógica, correctiva de una policía que desapareció de la ciudad. La córdoba dividida y desigualada a la fuerzan ha mostrado por un segundo la arquitectura y el dolor generalmente enmudecidos de su constitución social.

PD: el año pasado habíamos escrito, aquí mismo, algo sobre la exclusión en Córdoba. http://wp.me/p2SPeH-1O  (cordobesismo y bantustanes).

Sombrero Sombreritus…

Sombrero Sombreritus…

Una opinión más sobre Francisco

No pude evitarlo y he vuelto a escribir sobre Francisco. Creo que su presencia trae cambios, que no se pueden evaluar sus acciones como si su papado no fuese un proceso que recién se inicia, que es ridículo pedirle a un Papa que sea un teórico queer, que su irrupción en la política Argentina  es del orden del hecho político, que este hecho es polivalente y contradictorio: el papa se vuelve constitucional y el poder político se Francisquiza. Antes de calificar es necesario hacer rodar la descripción, los datos, el tiempo. La situación nunca se reduce a los antecedentes, las consecuencias son siempre un salto. Y creo también que estos hechos nos obligan a combinar  percepciones realistas y comprensivas con posiciones intransigentes, para jugar mejor estás ultimas, que son derivadas de las convicciones. Ni enojarse con Francisco, ni renunciar a la radicalidad: ni quemar iglesias, ni dejar de ver, cuestionar, y , si, como no, recriminarle al Catolicismo su sexismo criminal, sus pactos con las elites desigualadoras y con el derecho de las bestias -remember Perón-. Y  dejar de confundir deseos con diagnósticos, y sobre todo no buscar un nosotros donde hay polifonía. Que se pueda ser ciudadano sin ser Católico. Que se pueda ser Católico sin ser considerado menos y que se pueda hacer sociología sin aplanar el catolicismso , pero sin duplicar en las categorías sus formas de mirar el mundo. En fin, podría alargar la canción, pero baste insinuar su extensión para que se entienda que este es el momento de desplegar matices, y no de cerrar un debate cuya agenda hay que armar.

Aquí el texto publicado en Página 12:  http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-225563-2013-07-30.html

En días subsiguientes amplio las ideas que, lamentablemente, se condensaron de más.

Los nuevos goliardos: ciegos y sin humor.

Con la misma ignorancia que podrían entrar a un juzgado diciendo “su señorita”, defienden la escuela de Frankfurt argumentando sobre la calidad de Benny Goodman y  ríen sin razón como los tontos con ella, para hablar de todo aquello que odian porque, aunque no lo sepan,  han sido programados para ello. Y no me refiero sólo  a la “crítica de la cultura”, quizás, incluso, muy poco a ella. Lo digo por aquellos que en política reivindican la seriedad, la responsabilidad  y la “cultura de gobierno” y están todavía repitiendo la secuencia “señales alos mercados,prestamos-inversión-crecimiento-derrame”. Se rien de lo que no entienden, pero se juzgan fiscales indispensables. Tan desubicados como todos aquellos que no teniendo idea de nada creen que Carmina Burana es para musicalizar escenas de terror. En primera fila, como siempre, algunos periodistas.

Nosotros y Cadorna (Notas del 18A editadas y aumentadas)

“Gramsci llamaba `cadornismo político´ a la visión mística, extremista y economicista de la huelga general porque se atiene, verosímilmente, a la estimación popular de la estrategia de Cadorna como una irresponsable expectativa, a la vez eufórica e inerme, de la autodestrucción (batalla de Caporetto)”-ver www.gramsci.org

Me prometí ampliar y elaborar las notas que escribí el 18 a la noche en facebook. Aquí el resultado (dejo el post anterior para que se vea en que cambió y en que no mi análisis).

Defender las posiciones del gobierno, ser solidario con las fuerzas políticas que lo apoyan e ir a un cacerolazo es una experiencia formadora: escuchar “se va a acabar la dictadura de los K”, callarse la boca, hacer de tripas corazón “y pensar, y pensar y pensar que es lo que pasa conmigo” es algo que templa el alma y el análisis.

Hay, además,  otro angulo que debe ser considerado. Esta ocurriendo que en las filas Kirchneristas comienza manifestarse un incomodo reflejo Cadornista para operar desde el estado con propuestas (a diferencia del cadornismo político que operaba con huelgas). Todo se ve ahora como si hubiese sido un plan perfecto el voto no positivo de Cobos y no un accidente que, por razones que todavía hay que discutir, se vincula a la victoria de 2011. Desde este punto de vista parece que lanzar batallas asimétricas en contra, sin darle tiempo a la agregación, como si fuera todo un tramite, fuese la garantía de inexorables triunfos agónicos, en tiempo suplementario, como nos gusta a los hinchas de Boca. Pero si provocamos conflictos desde una posición “revolucionaria”, cuando vienen las repercusiones callejeras pretendemos, como si fuesemos radicales, que todo se resuelva en el congreso. Y si alguien osa decir que la realidad no nos va a acompañar, se reacciona como el General Cadorna, que acusaba a la realidad o la flojera de la tropa de lo que dependía del mal planteamiento de la batalla resuelto, a último momento, con arengas igneas. Justamente parte del Cadornismo se debe a que como la realidad niega los prejucios sobre la base de los que se planea, se niegan los datos de la realidad, como si admitirlos fuese haber caido en las redes de acción psicológica “del enemigo”. Es probable que nuestra lunfarda apelación a “Cadorna”, como intancia imposible e ineficiente,  derive de la experiencia de haber sufrido la obsecación de los mandos.

Mis notas reelaboradas del 18A se dirigen fundamentalmente a los espíritus Cadornistas apelando a la necesidad de salvar fuerzas y objetivos aceptando la realidad que no aceptamos por temor a sacar las consecuencias.

A mi me dio la impresion de que la manifestación venia pinchada. De las redes no me llegaba tanto. Los filtros de la red nos hacen navegar solo entre afines. Lo único que podriamos hacer para evitarlo es ponerle me gusta a la opinión diferente, sólo para poder saber en que está el otro (esos otros también son, sino patria, parte del proceso político). Así en las redes como en la vida real?. Creo que si.

De esa situación de aislamientos recíprocos (entre otras raices) surge una tendencia a minimizar y negar los hechos que aprovecha cualquier resquicio de la realidad para no asumir que personas más, personas menos el 18A tuvo una convocatoria gigantesca. Estando en la calle me fue imposible calcular si era mayor o menor que el 8N, pero es imposible no asumir que es muchisima, muchísima gente. Seguramente entre las 10 más importantes de los últimos 20 años (tal vez me quedo corto y se muy bien que ya use ese parámetro para evaluar la participación en el 8N).

La composición me apareció semejante a la del 8N. Clase media, cuadrante norte, pero no sólo eso: núcleos de gente de calese media de la zona sur y del GBA. Incluso algunas agrupaciones vecinales y o culturales y hasta una mínima proporción de gente de un origen evidentemente más humilde. A diferencia del 8 N creo que había menos adolescentes. Me explique esto porque al día siguiente había clases, pero un comentario que hacía de este elemento equívoco, toda la discusión, me recordó que la explicación no servía. El 9 N había clases y entonces entendí algo más: la contumacia de los negadores es irreductible. Y si bien yo vi menos cartel creo que había más organización invisible o, al menos, algo de rutina incorporada por la propia repetición de la práctica. Otro dato importante, para mi, el más importante, es la actitud de la gente que parecía mas paciente. No esperaban nada inmediato. Si se preguntan o escuchan las motivaciones declaradas ante los medios se nota que la agenda mas reciente, muy dictada por los medios, domina: la gente emite como si fuese de la propia cosecha lo que dijo algun periodista y los periodistas ponderan, seleccionan, subrayan y escrituran a su favor lo que levantan de los mensajes en las radios (a todo esto es impresionante escuchar como se las arregla la gente de todos los bandos para decir, actuar y redondear en segundos). Sospecho que los temas por los que se asiste podrían ser otros. En el fondo es una multitud que esta y estará en contra del gobierno haga lo que haga. Pero eso no quiere decir que las acciones del gobierno no puedan agigantar su caudal o acotar las empatías que suscita. Y esta vez están balbuceando una cosa diferente en una dinámica política que supera la del 8N, pero la capitaliza: “queremos una alternativa política” es un mensaje que les ha sido planteado por los medios, y les sirve para darse un horizonte de futuro allí donde ellos se imaginaban que no había uno posible para ellos. El proceso del 18A puso a la masa del 8N en la búsqueda de una esperanza y más alla de la cantidad de asistentes ese espacio vive un cambio cualitativo.

Hay aprendizaje en ese colectivo y esa es mi mayor diferencia con las interpretaciones que plantean los que creen que para defender el proceso político es necesario destituir de consistencia moral, ontológica y estética a los adversarios (por favor basta de fotos de señoras bronceadas para  describir y adversar políticamente al cacerolazo!). El aprendizaje de los caceroleros consiste justamente en la paciencia. No estan esperando que caiga el gobierno mañana. Adquirieron la perversidad y la perseverancia del que sabe que la vaca se come de a bifes. No niego que habia gente exaltada gritando barbaridades. Pero menos aún que el 8N y menos, todavía, que en las manifestaciones anteriores. La gente se contiene y se aviene a la mejor performace civica posible. Los que quieran jugar el jueguito del amor vence al odio, van a estar desorientados. A hacer política se aprende. Y que yo sepa nadie es refractario 1000 x 1000 y esa capacidad es independiente de las opciones políticas. Se puede ser sucio, feo y malo. Se puede ser limpio, lindo y bueno. Vivos somos todos. Es más: no somos tan lúcidos si nos negamos a entender que en política es cuestión de procesos, de antecedencias y de perspectivas futuras y no de puro presente. Darían ternura, sino fuera por que dan bronca, porque nublan nuestra capcidad de previsión, las cachacientas burlas que se hacían hace menos de un año a los primeros cacerolazos vacíos, las falsas seguridades con que se decía y se dice: están todos mezclados, no tienen política, no saben lo que quieren, etc.

Todos nos autoconvencemos de que nuestras ingestas más innobles podrán saber a salmón y todos creemos poder controlar las cosecuencias de esa ingesta y, además,  a veces sale, a veces no. Todos hacemos y se nos imponen a nuestras espaldas las condiciones de la acción. Los caceroleros, y los medios, muy preocupados por tener representación política ganadora parecen haber decidido que aunque no les guste necesitan escoger dentro de un conjunto que incluye Macri, Carrió, Solanas, Amadeo, Bullrich, Sanz (Scioli?). Serán pragmáticos y muchos de ellos sentiran que la conveniencia y los ideales se conjugan en un Macriles que, como el De la Rua de los que votamos a la Alianza, podrá ir adquiriendo, en campaña, nuevas y excitantes propiedades: estratega económico, reconciliador de la nación etc (que el “aprendizaje” no es “progreso” lo muestra que quienes no terminaron de entender a Alfonsín y su época, demonizándolo, pudieron votar muy alegremente a De la Rua). Entre la ingenuidad creyente, el pragmatismo político y el pseudocinismo de tomar distancia de lo que en definitiva se abrazará, la masa de caceroleros irá adoptando su candidato. Eso que hacemos todos no dignifica las apuestas de nadie, pero en todo caso nos ayuda a entender las “contradicciones” que tan sagazmente detectamos en el ojo ajeno. Si el aprendizaje es parte del proceso de emergencia de un sujeto político no diría que no hay conducción. Nada de esto ocurre sin marcos en los que, desde adentro, desde los medios y desde promontorios por ahora no muy elevados,  falte un mensaje profético. Los negadores se quedan estancados en que “los caceroludos no tienen” (no tenían) y en un argumento sorprendente: porque no tienen no van a tener “representación política”. Las parejas, por ejemplo, serían imposibles en esa lógica: como vamos a estar juntos si antes no estábamos juntos?. Sino fuera porque ese razonamiento perjudica nuestras causas podríamos detenernos en lo patético de ver a gente tan engolada, tan en piloto automático, tan autoconvencida, tan en contra de la lógica, que da miedo.

La conducción de ese proceso es policéntrica y todavía se pelean a ver quien conduce más. Magnetto es el mas inteligente. Más se pudre mas recupera espacio para volver a ser el zar. Pero creo que el Macrismo empieza a ver que entre sus propios gestos, el aprendizaje de la gente, y el cinismo de todos, se puede ganar un lugar que ni Lilita, ni Binner, ni Tumini (¡?), ni Moyano, pueden ganar. Poco a poco va a apareciendo una conducción más definida, poco a poco se va dando un encarrilamiento y, gradualmente, la masa confluirá en un movimiento. Los medios dictan catedra, “opositores unánse”, creando terror para las terceras posiciones y todo eso lleva a una gran confluencia Macri/Cacerolera que sería, para sus fogoneros, algo como la convergencia Piñeyra/Lavin/Democracia Cristiana. Los negadores tienen una teoría: si uno afirma que este es un problema serio para el gobierno afirman que el problema es que uno se sobreexpuso al nicho de la “contra”. Yo creo que no se dan cuenta que el núcleo del gobierno tensiona hasta con los mas leales. Si eso es así entre el “Comité Central” y el “congreso del kirchnerismo” imaginense que será en la amplia clase media que un día si tres días no. No da para esa forma de autasatisfacción: tampoco para la otra a la que es muy afecto el negadorismo militante: jauretchearla. Y si bien todo esto es capitalino y de clase media contra clase media, crea clima para polarizar en contra (y hay que contar que en una eleción del 54 contra el 46 y mas nadie, cada punto que nostros perdemos son dos que se descuentan, o sea que tampoco tenemos para rifar). Todo esto además afecta las decisiones del universo PJ y  toma a parte de los votantes del GBA aunque se empeñen en negarlo. En fin el punto es que este es un hito, un paso en la constitución de una oposición que se puede llevar puesta al gobierno (si la economía no ayuda). Ahi serán partidarios del relevo traumático (al que no dejan de ponerle fichas) o ganar las elecciones, incluso la próxima parlamentaria. Confluyen, de a poco, la calle (esa calle) y un criterio político. Los que decían vos fumá hace unos meses están equivocados.