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La normalidad de los monstruos

19/11/2012

Cada vez que se noticia un hecho de sangre en el que alguno de los participes pertenece a una comunidad religiosa que no sea la Católica o la Judía (las religiones legítimamente practicables en la Argentina junto a la posición atea y, tal vez, el Islam) la pertenencia religiosa adquiere relevancia y, junto con ella, empieza a tallar la hipótesis que responsabiliza a una ”secta”. Alejandro Frigerio ha hecho infinitos esfuerzos para influir en la opinión periodística, mostrando cuanto prejuicio porta ese razonamiento. Aporta datos y bibliografía que permiten entender en que medida ni el tamaño del grupo, ni lo extraño o enfático de su creencia son la fuente del crimen. Pocas veces el periodismo logra correrse de ese a-priori que renace con cada hecho. La nota de Mariana Carbajal del Domingo 18 en Página 12 es aire fresco en ese panorama. Además de salirse del lugar común de “la secta”, subraya algo que los cientistas sociales de la religión no solemos tener tan en cuenta: la ambigüedad y la “maldad” constitutiva de la especie.

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