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El paro (desde el escritorio parece fácil)

21/11/2012

El mensaje de una jubilada pro-gobierno en una radio ayuda a intuir la lógica de las acciones políticas tal como se despliegan en el generalizado cinismo contemporáneo. La señora, que se manifestaba contra el paro reclamaba su cuota-parte bajo la forma de “hacer bien las cuentas” y decía: “espero que a nosotros si nos aumenten”.
Con dos salvedades importantes prosigo este comentario. La primera es que es obvio que es facilísimo escribir y pontificar cosas sin ser funcionario. La segunda es que a esta hora (23 55 del día del paro) hay un dato clave: el consumo eléctrico que refleja la producción industrial fue casi normal, con lo que queda clara la parcialidad del paro. Mas allá de esto el paro existió, reflejó algo y obliga a pensar.
Hay inflación que carcome el salario. En las posiciones laborales más bajas eso significa que trabajar es cada vez mas caro para el trabajador, que paga con horas de trabajo y de viaje, con salud y con obediencia. En las posiciones mejor pagas eso significa la impotencia que se cifra en el “no hay guita que alcance”, uno de los sentimientos de frustración más biliógenos que puede existir. Hay impuestos que suenan injustos cuando tributas como un ejecutivo, pero ganas como un pinche. Hay una generación entera de nuevos trabajadores que tiene otro piso histórico de demandas: para ellos el desempleo ya fue. Pero también hay desempleo en alza. Leve pero preocupante. Nadie sabe como la gente calcula, nadie sabe si en González Catán o en Palermo entienden o no y cómo los movimientos de la bolsa de NY, pero si se sabe que mucha gente se la ve venir, cuando viene buena, y cuando viene mala. Todo eso se mueve detrás del paro y a su favor.
Hay un gobierno que produjo avances laborales, salariales y sociales en general. Insuficientes, pero avances al fin en una historia de decenas de años de retrocesos en cada uno de esos planos. Hay bloqueo de las posiciones endeudadoras. Hay efectos de empoderamiento económico y social. En la mutación estructural de la sociedad argentina, a la que la pobreza llegó para quedarse hace mucho tiempo, por eso se ganó el nombre de estructural, las posiciones sociales son, mas que posiciones, movimientos, sprints ascendentes y descendentes en un italpark que cada década cambia de diseño. Allí emergen mil matices de clases medias que no se parecen en nada, pero se unifican en la experiencia de la mejora, en un relativo control del futuro, en el acceso a servicios y posibilidades que 10 años atrás eran imposibles. Hay obras que no se hicieron en décadas y deterioros que se gestaron esas mismas décadas y ni dejan de valorarse las mejoras ni dejan de efectuarse los reclamos. Todo eso se pone en juego cuando se mira con desconfianza las alternativas anti-gobierno.
Hay dirigencias corporativas que buscan, en cualquier oportunidad, su rédito. No tienen amigos, confrontan y acuerdan, los gobiernos pasan y ellos quedan. Y si sus acciones son parte de una suma que desestabiliza o fortalece a esos gobiernos son situaciones que desde el punto de vista de esas dirigencias se “gestionan”.
Creo que para quienes acordamos con los avances que produjo este gobierno, y no vemos alternativas mejores para sus limites, se podía apoyar o no el paro (algunos habrán hecho de tripas corazón y otros viceversa). Y digo que se podría apoyar por que no le podría decir a nadie que cuestione la estructura impositiva, “quédate piola”. Pero en última instancia es lo de menos. Es un paro político, como todo paro general, pero no todo lo que estuvo a su favor esta definitivamente alineado. Muchísimo más que en el caso del 8N sus bases no son natural ni eternamente antigobierno.
Lo que no se puede hacer, entonces, es aplaudir el conformismo, criticar el método e ignorar los problemas, culpabilizar a las víctimas, razonar sobre prontuarios y coherencias, sobrar a los reclamos, apoyar por que si, al paro, por el nominalismo de la clase trabajadora o el pueblo de Perón, al gobierno, por el nominalismo del proyecto. Es indudable que en la oposición hay gente que apuesta a todo: al mejor candidato posible, a la unidad opositora, al relevo traumático, a que el gobierno escupa sangre, a que todos le respondan con el bolsillo. También es indudable que el sindicalismo esta haciendo, junto con su cálculos políticos, su trabajo y que era demasiado fácil ser oficialista cuando no había ni oposición ni problemas. De ese cruce de circunstancias y de esas intención no desplegada ni aclaradas surge lo que desde el kirchnerismo se señala como falta de oportunidad. Pero hay que aguantársela. En una dinámica de conflictos cruzados el gobierno gano a varias puntas el año pasado. En una situación de estrechez económica y de falta de perspectiva electoral te caen cachetazos de todos lados en la misma proporción que antes te hacían ojitos. Tenés a los sindicalistas movilizando/respondiendo a sus bases y haciendo su negocio. Tenés a la jubilada que sabe/quiere creer que su apoyo vale y exige retorno.
El paro tuvo repercusión heterogénea. Pero desde ya es una herida para el gobierno: nunca le habían hecho un paro general y en la movida se consolidaron odios sin retornos. Observando algunas reacciones puede intuirse una recomposición de los apoyos del gobierno que no solo implica el tipo de sindicalistas, sino, también, el de las audiencias. El paro dividió al espíritu opositor pues una parte de elle hace asco a los piquetes, y mucho más a la forma que tomaron en estas circunstancias.
A uno le gustaría que la respuesta del gobierno al panorama en que se inscriben el paro y el 8N no sea ni el automatismo, ni hablar con el corazón, ni se relaje en hipótesis metafísicas sobre la lluvia y el escampado, o aspire al retorno del Señor como “Sol de Justicia» (Malaquias 4:2). Hay mucha política para hacer: desde la comunicación hasta los gestos que ordenen la disputa sucesoria o autosucesoria, desde la política económica hasta la institucionalización de los rasgos que le den al piso histórico del futuro el tono de las mejores cosas del kirchnerismo.

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4 comentarios
  1. Dany permalink

    no tenemos economista me parece, qué se yo luego de Lavagna estaba Él que lo era a su modo con un cuaderno espiral (esto sumado a lo que puso Frigerio) y no es para sumar nostalgia

  2. Dany Qui Tigris permalink

    (perdón lo de Frigerio esta en comments de face)

  3. Javier P permalink

    otra cosa a tener en cuenta es que, por más logro que podamos exhibir, lo que se logró fue recomponer los indicadores retrotrayéndolos a la década del 90. Es decir, muy lejos aún de cualqueir reversión de los efectos de la hiper, la crisis de deuda, la dictadura, el rodrigazo, etc.etc.

    • Si. Eso es para mi lo que decía en la otra entrada: el cambio estructural. Yo creo que cualquier reversión de eso es en otro esquema. El pasado no vuelve.

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